Estoy segura de que ya habréis ido deduciendo que tengo una debilidad especial por esas recetas tradicionales, las de toda la vida.
He de confesar que cuando llega la temporada de las cerezas ya no tengo ojos para casi ninguna otra fruta en la frutería.
¿Habíais oído hablar de los English muffins? De algo suenan, ¿verdad? Pues pese a compartir denominación con los archiconocidos muffins americanos, las similitudes que pueda haber entre ambos son mera coincidencia;
¿Alguna vez os han o habéis traído de Escocia (o de algún aeropuerto) una de esas cajitas con el típico diseño de cuadros escoceses llenas de unas pastas irresistibles?
Vaya, primero hemos de aprender qué son los cupcakes, esos ricos pastelillos tan bonitos, después que nada tienen que ver con los muffins, y para rematar que, por supuesto, tampoco se trata de magdalenas decoradas.
"It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune must be in want of a wife..." Uno puede o no compartir semejante afirmación, pero así fue como todo esto empezó. O al menos, es el pie que da paso a esta, cómo llamarla, andadura en mi Pemberley particular.
Sabéis que no es del todo lo mío, pero aquí me tenéis de nuevo con un plato no dulce. Aun así, será necesario, igualmente, encender el horno y dejar que nuestra casa se llene de aromas increíblemente irresistibles.


