La primera vez que oí mencionar el nombre de monkey bread me dio la risa. «No, en serio», exigía yo una vez recuperado el aliento.
Aunque en algunas latitudes las celebraciones navideñas ya hayan quedado atrás, en otras, sin embargo, seguimos preparando el próximo y último acto de estas fiestas: la noche de Reyes.
Desde que descubrí que para hacer estos dulces navideños en casa no había que pertenecer necesariamente a la Orden Secreta del Mantecao Sagrao, es decir, que cualquiera puede hacer una docena en un periquete, está escrito en alguna parte que, en cuanto llegan estas fechas (y este año se me ha hecho un poco tarde), comienza la temporada.
El de hoy es un dulce del que, reconozco, nunca había oído hablar hasta hace bien poco: los requetebritánicos y archinavideños mince pies.
Aunque es posible que algunos no los hayáis probado (aún), casi todos reconocemos estas rosquillas o galletas saladas y horneadas en forma de lazo o nudo llamadas pretzels.
Siempre he admirado este tipo de bizcochos. Para empezar, visualmente me atrae su sencillez, delicada y desnuda; para finalizar, la larga tradición que lleva a sus espaldas, eso siempre me intriga.
La masa quebrada casera es una de esas recetas a las que vuelvo una y otra vez porque es un básico recurrente en la elaboración de otras recetas. Y es que tanto si nos apetece preparar una tarta dulce (como esta Apple Pie), como una salada (por ejemplo, esta otra deliciosa Quiche Lorraine)...


