Cómo me gusta celebrar. ¿Lo habíais notado? Lo que sea, cualquier ocasión me vale; que es viernes, que sale el sol, que llueve, que he terminado un libro, que estrenan la peli que estaba esperando, que nos vamos de viaje (o que volvemos a casa), que quedo con esa amiga a la que veo de uvas a peras…
Vuelvo a la carga con otro bundt cake, pero es que quedan tan bien, están tan ricos y son tan sencillos de hacer…
Me encanta esta época del año; la luz, los colores, los nuevos aromas… Y al menos por estas latitudes, no hace ni calor ni demasiado frío.
¿Recordáis la Devil’s Food Cake (la tarta más «diabólica») que preparé el pasado verano? Pues ha llegado su némesis: la Angel Food Cake (la versión angelical).
Llevaba yo no sé ya cuánto tiempo queriendo hacer una Victoria sponge cake (tarta Victoria, en español). Veía fresas dondequiera que mirara;
En casa reservamos las celebraciones importantes para ponernos manos a la obra con una nueva layer cake. Siempre supone todo un reto y una aventura, pues según sea el tipo de celebración o la persona a la que vaya destinada, hay que pensar en un tipo de tarta u otro, el sabor, el color, la cobertura (si va a llevar), la decoración…
Siempre he admirado este tipo de bizcochos. Para empezar, visualmente me atrae su sencillez, delicada y desnuda; para finalizar, la larga tradición que lleva a sus espaldas, eso siempre me intriga.


