- Además de los clásicos English muffins, como los de la receta, existen también diversas formas alternativas de prepararlos; sourdough (de masa fermentada o masa madre), con harina integral o harina de maíz, con pasas, canela...
- En vez de dividir la masa en porciones y darles forma de bola, también hay quien prefiere extender la masa (hasta unos 2-3 cm de grosor) y cortar los muffins con un cortador redondo.
- Si ya no puedes pensar en nada más que en esos huevos benedictine, tendrás, irremediablemente, que ponerte manos a la obra con los muffins; a partir de ahí la cosa no hace más que simplificarse: abrir, tostar, untar con mantequilla, añadir un huevo escalfado sobre una loncha de jamón o bacon y, sobre estos, una buena dosis de salsa holandesa.
- Si vas a congelar tus muffins, una vez formados y levados (aún crudos) deposítalos sobre una bandeja recubierta con papel vegetal, cúbrelos con film transparente e introdúcelos en el congelador. Cuando se hayan congelado, mételos en bolsas con cierre tipo zip y vuelve a meterlos en el congelador. Ve sacándolos según los vayas necesitando (continúa a partir del punto 9). Antes de tostarlos, dejaremos que se descongelen dentro de su envoltorio o bien en el frigorífico (durante toda la noche) o a temperatura ambiente.
- También puedes congelarlos recién hechos (una vez fríos).